You shine… you shine…


Parece difícil el camino cuando la cal inicial y el sol cejador no te dejan ver más allá de unos pocos metros. Algo en tu interior como una dulce brisa te hace sentir bien, te hace tirar hacia adelante, seguro, sin miedo, placido y tranquilo.

Lo andas sin más, las piedras se salvan, los obstáculos se apartan por arte de magia, pero también hay caídas y sangre, lloros e incomprensión del porque pasan las mismas.

Los porqués se hacen duros. Esas brisas se hacen cada vez más tormentas, la lluvia te moja y enfría tus huesos. El camino ya no te gusta tanto como antes, ya no es plácido y tranquilo, ahora es hostil y angosto. Deseas volver con la cal, evitando las piedras del camino, pero según vas caminando, lo anterior no cuenta, tienes más y más piedras y cada vez que miras atrás… lo que sacas en conclusión es “no puedes volver ahora”.

Empiezas a andar, la tormenta deja paso a una niebla densa, como en las mañanas de primavera, en esas que dicen que por la tarde sale el sol, pero que por más que lo piensas y por más que lo dicen, no crees que sea capaz. La bruma va en aumento, no se ve nada y los metros parecen kilómetros, oyes voces, ves sombras, además, sientes frio y miedo.

El camino que hacías se convierte en poco a poco en una cuerda fina, por la que deambulas, seguridad es igual a éxito, tenacidad es igual a éxito, miedo, a secas, es igual a fracaso, inseguridad más de lo mismo, fracaso… tras un par de titubeos notas algo, una sensación de poder, de seguridad, de logro.

Se empieza a hacer todo más claro, has pasado lo peor, las voces se hacen pensamientos, los propios y de otros, las sombras se convierten en familia y en amigos, los que formaban parte de esa brisa interna,  en compañeros de trabajo y clase, el frio y el miedo pasan a ser una extraña sensación de calidez y felicidad, esa que añorabas. La mañana de bruma deja paso al sol prometido, el cielo se aclara y el camino se deja ver.

Ha sido duro, es duro y será duro, pero lo que nadie se esperaba es que fuera un camino circular, el que siempre ha estado ahí, el que nos hace y el que nos nombra, el que siempre estará ahí.

¿La ves? Es la linea de meta.

Bienvenid@ a casa.

Publicado el 28 enero 2010 en amistad, amor, esperanzas, familia, matt hires, relato, sociedad, sueños, terapia ocupacional, Trabajo, universidad, vida. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Jooooder P, que gran post!!! Si señor🙂

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