Antropología, sistemas médicos y relaciones socioculturales


Aqui os dejo mi trabajo de Antropologia de la Salud y La Enfermedad. Correpondiente a Primero de Terapia Ocupacional de Talavera de la Reina.

Para realizar este ejercicio antropológico, me he cercado la temática para leer en tres textos referentes a la antropología de la salud y sus relaciones entre los inmigrantes provenientes de Latinoamérica y la sociedad Española.

Los textos son los siguientes:

“La diversidad frente al espejo. Salud, interculturalidad y contexto migratorio” (Dirigido por el Dr. Gerardo Fernández Juárez y coordinador por Irene González González y Puerto García Ortiz)

“Introducción a la antropología de la salud. Aplicaciones teóricas y prácticas” (Mari Luz Esteban)

“Salud e interculturalidad en América Latina. Antropología de la salud y crítica intercultural. El envió de medicamentos en familias migrantes ecuatorianas” (Arantxa Meñaca)

En la sociedad española, el sistema sanitario que se nos atribuye es el de la seguridad social universidad, por el cual todo habitante de este país, ya sea inmigrante o no, puede acceder al mismo a un coste cero.

Por contraposición, el sistema de salud en Ecuador y Bolivia, dos de los países referentes que enmascaran la “cultura latinoamericana” con miedo a poder ser demasiado generalizadores, son de los que para recibir tratamientos importantes hay que tener un nivel de vida medio – alto para poder costearlo.

Partimos de estas dos miradas como si nadie viera el otro lado del espejo, y meteremos de por medio el fenómeno migratorio de Latinoamérica a España.

En España, al igual que en la cultura occidental, siempre se ha pensando que la biomedicina, desde mediados del Siglo XIX, es el saber único y verdadero en cuanto a los contexto de salud/enfermedad y desde esa perspectiva unificadora de todo el saber medico y físico se ha instaurado unas normas y directrices que se escapan a los ojos de “los otros” (los ahora llamados inmigrantes) y viceversa, “nosotros” no tenemos la perspectiva medica que pueden tener en Latinoamérica los indígenas (que no se ven como tal), cuya perspectiva de salud gira en torno a la medicina tradicional y al trato personal con el médico cuando se entra en un campo biomédico.

Aquí, en España, el sistema de salud se regla por un núcleo fuerte y tecnológico que es el de las intervenciones quirúrgicas, el uso de maquinas para solucionar problemas como puede ser la diálisis (en el ejemplo clarificador del texto) etc. Un movimiento que desde nuestro punto de vista está muy normalizado en nuestro día a día ya que por nuestro bagaje cultural y nuestra experiencia como españoles, siempre hemos vivido la vida de una forma que en el momento en el que uno enferma, va al médico y no hay una preocupación mayor, ya que una operación, o una unidad de diálisis no va a costar dinero.

Por otra parte, hay un núcleo blando que desde la propia “cultura” española también se critica con fervor en el día a día de los ambulatorios y hospitales. La llamada “Atención primaria”. Esa atención que se ofrece voluntariosa y honesta desde el ámbito jurídico y legal, pero que desde el punto de vista del trabajo de campo, del día a día de los que la usan, no es así.

Por un lado el paciente no recibe una atención que merece, ya que en base a lo leído en varios artículos de revistas medicas y con la propia experiencia personal al trabajar con médicos y tratar con ellos, ya que una consulta programada (en el Sescam, servicio de salud castellano manchego) no dura más de 10 minutos, el paciente que tenga que ser sometido a alguna prueba in-situ en la consulta no va a ser examinado con igual exactitud y pulcritud que si esa consulta fuera de 25-30 minutos.

Ahora escribiendo este primer “lado” de la crítica, se podría abrir el abanico para la segunda crítica. La visión medica de esa atención primaria. En un centro de salud de barrio, un medico puede tener en torno a 10 visitas programadas, unas 25 visitas rápidas y todas las visitas de urgencia necesarias en ese día, que se pueden alargar durante media hora o durante dos o tres horas (después del fin de la “jornada” laboral del médico), esto desde el punto de vista del paciente y del número de médicos acreditados en España sería algo imposible, el dedicar tanto tiempo y tanta pulcritud a una consulta, ya que podría ser para un simple catarro o para  hacer una prueba por problemas articulares/musculares, lo que crearía un desajuste de horarios y una “perdida” de eficiencia y eficacia medica. Lo que analizándolo desde un punto de vista capitalista/occidental se entiende como “no puedes perder el tiempo”, y la base de la medicina es la dedicación a tu paciente.

Intentando no ser lioso con tanta explicación biomédica en España, entraremos en el campo de la salud en Latinoamérica y en la experiencia personal recogida en lo leído y en lo escuchado por gente latinoamericana de mi barrio.

Allí, al igual que aquí, existen mutuas y clínicas privadas, cosa que no es de extrañar; pero la diferencia radical entre “lo suyo” y “lo nuestro” radica en que ellos, cuando enferman, la mayoría de veces, tienen que pagar un dinero para recibir el tratamiento adecuado, como decía en uno de los textos: “…un hombre de 50 años ecuatoriano, en Ecuador la diálisis saldría a 100$ por sesión, y en una necesidad fisiológica de dos sesiones semanales, el no se puede gastar 200$ semanales en algo tan necesario, cosa que le llevaría a la enfermedad total e incluso, seguramente, a la muerte…”. Por tanto la perspectiva de un latinoamericano respecto a una consulta médica, dista mucho de la perspectiva que un español puede tener.

Por otra parte, ellos en Latinoamérica, al igual que en los centros privados españoles, al tener que pagar una tasa por el médico, el médico evidentemente ejerce su profesión de una manera más cercana, más cotidiana, mas personal, busca soluciones al problema, no da “paliativos” a la causa o el efecto de la enfermedad.

Encauzando con este tema, el estudio de campo de uno de los antropólogos sobre el envió de medicamentos deja patente las diferencias entre ambos puntos de vista.

La persona latinoamericana que viene a España no se queja de la atención recibida en un quirófano o en una sala de diálisis, o en un banco de transfusión de sangre. “Ellos” ven esas situaciones como maravillosas, como algo impensable en su país de origen. Pero por otro lado, a la hora de acudir a la atención primaria, la prisa medica por “dar boleto” (coloquialmente hablando) a cada paciente genera la crítica más atroz del pueblo latinoamericano e inmigrante en general.

Sus costumbres y experiencias en el campo de la medicina en su país de origen, eran las de: “yo te digo lo que me pasa, tú me lo solucionas”. Y los médicos de allá, buscaban la etiología de la enfermedad en un trato, como ya hemos dicho antes, más cercano al paciente, más curativo que paliativo. Mientras que acá en España la ambigüedad de la medicina y del practicante medico es tal, que ellos mismos (los médicos) sufren una desacreditación por parte del paciente inmigrante.

De ahí, que el flujo de medicamentos entre Latinoamérica y España sea tan evidente, una vez observada la situación. Ya que, aun siendo significantes y simbólicos al arraigo cultural latinoamericano, su experiencia vital, sobre todo en las mujeres que son madres, es el de “si esto me funcionaba allí, ¿Por qué no lo va a hacer aquí?”.

Y debido a esta concepción tan válida como peligrosa, la comunidad médica española, aunque encubierta, deja ver un cierto recelo hacia la comunidad Latinoamérica e inmigrante, más que porque van “a su bola” ese recelo viene dado por lo “desconocido” que tiene para un médico español, la cultura medica tradicional del país del inmigrante al que está tratando.

Y de aquí se generan todos los cursos y jornadas para la implicación medica dentro del fenómeno inmigrante sudamericano, africano etc. Ya que con la experiencia se consiguen grandes entendimientos, como puede ser el que se ha generado año tras año entre la población de etnia gitana y la sociedad médica.

En conclusión

La multiculturalidad desde un punto de vista médico/social debería estar muy bien vista, ya que el fin último de la misma es como el de una buena relación de pareja es que no haya un día en el que deje de sorprenderte (positivamente). No es malo compartir valores y pensamientos, pero lo realmente bueno es el saber, que a diferencia de la cultura “física”, no ocupa lugar.

Todo versa en el entendimiento de las culturas, en el estudio y en el abordaje a las mismas, desde un punto de vista neutro, no desde el punto de vista “fácil” o propio. Como en algunos métodos psicológicos, todos somos un poco locos, pero para entender esa “locura” hay que quitarse la careta de “normal” y ponerse la careta “normalizada” de un loco. Siendo un poco burda la comparación entre un loco (psiquiátrico) y un inmigrante.

Con esto, y para terminar, quiero decir que la distinción de clases sociales, las etiquetas de “español”, “ecuatoriano”, “africano” son burdas capas de oscuridad que no nos dejan ver lo que somos, un ser único, inteligente y cultural a un nivel global, ya que al fin y al cabo todos buscamos lo mismo, la felicidad y ese viaje se va escribiendo el desarrollo cultural, que de blanco o de negro, al final, el sostén del mismo es el tapiz donde se escribe y ese, es común a todos. El lado oscuro, tiene pinta de pulsión y de clases sociales, del “yo tengo más y tú no”, una pelea de patio de colegio, que siempre queremos evitar en nuestros hijos, pero no somos capaces de ver en nosotros, tanto inmigrantes como autóctonos.

Pedro L.F.

Publicado el 14 noviembre 2009 en antropologia humana y de la salud, Arantxa Meñaca, Bolivia, ceu talavera, cultura, Dr. Gerardo Fernandez Juarez, Ecuador, españa, inmigración, Irene González González, latinoamerica, Mari Luz Esteban, medicina, Puerto Garcia Ortiz, seguridad social, Sistema de salud, sociedad, terapia ocupacional, uclm. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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